Navidad, una historia por contar
- Itsmania Platero
- 25 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Por Itsmania Platero
Como quien no quiere la cosa, una nueva historia comienza, pretendiendo negar el pasado y esconder el presente; de privilegiados que no han sido invadidos por el dolor, y miles de desconsolados para los que no hay Navidad, porque hasta que uno muere, mueren los recuerdos...

Aún huele a sudor la ropa de un migrante encarcelado, las cobijas de un niño están húmedas del llanto, extrañando un abrazo de sus padres. La noche de un enfermo moribundo, el inocente solitario en un presidio, una lápida sin flores, una mesa sin comida, un enfermo que lentamente muere esperando medicina, un pueblo con sed de justicia, eso es Navidad.
Un recuerdo de años atrás que inventamos futuros para cambiar el presente. La deshumanización de la tecnología que día a día nos aleja del entorno familiar. ¡Cómo se añoran los recuerdos en blanco y negro de la infancia!, la rama de pino verde decorada con globos de colores y aserrín regado en el piso.
Ahora es difícil reconocer que el futuro huele a enfermo, siempre con mentiras que nos avisan incertidumbre, inventando estrategias antes locales, ahora transnacionales. Ya no hay oportunidades inmediatas ante las promesas de un cambio que no logra encender las luces de un árbol, una iniciativa masiva pierde sentido con miras al progreso, escondido tras las cortinas de un sórdido escenario, que nos presenta mil máscaras de espantos que arrasan cada vez más con nuestras libertades.
Bombardeando a un pueblo con hambre y sed de justicia.
La guerra del consumismo y el miedo devastador que aumentan la brecha entre ricos y pobres.
Por un rato, los abrazos, las luces y regalos en un escaparate nos hacen recordar que es tiempo de parar la derrota, reconocer el pasado y escribir una nueva historia en una hoja en blanco, donde el pasado del que sufre sea un mundo para explorar y hacer un cuento nuevo para futuras generaciones. El final del 2025 se presta para reflexionar, muchos experimentamos milagros que ameritan celebración; aun en la adversidad encontramos nuevos amigos, un nuevo mundo donde sobresale la fuerza, la pasión y la alegría. Ya respiramos el espíritu de Nochebuena como un leve susurro en medio de un festín de injusticias y desigualdades.
Sentimos el deseo de amar intensamente, de aportar, compartir y construir el bienestar de los demás, sin exclusión. Con un reto para los políticos de aprender de los errores, sin olvidar que el mejor remedio para la pobreza es el crecimiento económico de clara competitividad.
Tratemos de entendernos, sanemos heridas, pongamos bálsamo en el alma de los desconsolados; "no perdamos la oportunidad de ser buenos", fortalezcamos la libertad, la solidaridad y el diálogo sin prejuicios, pensando en las familias que no están juntas.
"Navidad es una historia por contar para reflexionar, buscando la unión y llenando nuestras vidas de propósitos".
Ni el poder ni el dinero son malos; la cuestión es cómo utilizar estos medios para que las personas puedan desarrollarse, sin que “el hombre sea lobo del hombre” y sin “que el poder corrompa” a ese mismo hombre.
Una sociedad es justa cuando se organiza para que no haya abuso del poder. La Navidad debería ser motivo de alegría y profunda reflexión, de compartir, amor y de disfrutar de la paz, una herencia de Dios para todos; este don es fundamental para nuestro desarrollo personal y social. Hoy el pichingo de Navidad es el ilegal, lo único que lo envuelve son harapos, con periódicos y susurrando la melodía "Noche de Paz", recordando los tiempos en guerra de 1914.
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