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Operativo federal antifraude en CA agita guerra entre Newsom & Trump

  • aitanavargas
  • hace 4 horas
  • 7 Min. de lectura

Por Aitana Vargas


La California del gobernador demócrata Gavin Newsom se convierte en el escenario de un despliegue federal para combatir el fraude en el sector médico y los cuidados a ancianos, con Los Ángeles como principal blanco, y con una guerra entre Newsom y Trump como telón de fondo.


Primero fue Minesota. Y ahora, la California de Gavin Newsom.


El gobierno federal de Donald Trump lo venía advirtiendo desde hace meses y, con mayor intensidad, desde el implacable desembarco de fuerzas federales en Minesota: el estado dorado se encontraba también en el blanco de una investigación federal antifraude que, esta semana, ha culminado con el arresto de ocho individuos, incluyendo tres enfermeras y un presunto psicólogo, en Los Ángeles y en zonas aledañas.


Según las autoridades federales, la estafa asciende a 50 millones de dólares y tenía como objetivo pasarle una abultada factura al gobierno federal ––y por consiguiente a los contribuyentes–– por servicios inexistentes dirigidos al cuidado de ancianos e individuos convalecientes en asilos y centros para mayores.


"La región del sur de California es un ambiente de alto riesgo para estafas relacionadas con los hospicios y multitud de fraudes dentro del sector de los cuidados de la salud", aseguraba en un comunicado Akil Davis, director asistente de la oficina del FBI en Los Ángeles. Para Davis, la 'Operación Nunca Te Rindas' es crucial para frenar el fraude dentro del sector médico, el cual tiene consecuencias devastadoras para el consumidor: desde elevar el precio de las pólizas de seguro y de los copagos, a subidas de impuestos.


Si bien es cierto que se debe acabar con dichas estafas, el problema del sector médico estadounidense también está fuertemente arraigado en prácticas ultracapitalistas dirigidas a maximizar las ganancias para las compañías de seguros, endeudar a la ciudadanía y eliminar programas sociales que brinden y garanticen asistencia médica gratuita a la mayoría de ciudadanos.


Obamacare –- que con el tiempo mutó y se conoce también como el Affordable Care Act (ACA en inglés) –– no sólo no ha resuelto la crisis del sector médico, sino que la ha agudizado. En estados progresistas como California (o Nueva Jersey), uno de los ejes centrales, más polémicos y crueles de Obamacare sigue activo: la imposición de multas anuales a individuos que no adquieran una póliza de seguro médico, si no cumplen los requisitos salariales para recibir cobertura gratuita a través de Medi-Cal (como se conoce a Medicare en California). Este último programa financiado con fondos públicos, sí brinda, sin embargo, atención médica a los inmigrantes sin papeles presentes en el estado dorado, causando gran rechazo entre un segmento de la clase media californiana (e incluso proinmigrante) que a duras penas puede costearse un seguro o afrontar gastos médicos de requerir atención sanitaria.


En 2026, concluyeron las subvenciones que, bajo ACA, el gobierno federal otorgaba a las compañías de seguros médicos para rebajar el precio de las pólizas para el consumidor. Sin subvenciones, el consumidor asume el coste íntegro de la póliza, lo que ha llevado a familias enteras a renunciar a la cobertura médica.


Frente a este desastroso panorama, surge Trump para abordar la enquistada crisis del sector médico con un plan que aún no ha desvelado y que, de momento, permite la abismal escalada de precios de seguro médico para millones de consumidores.


El pulso entre Trump & Newsom


Los arrestos vinculados al fraude médico en el sur de California llegan en un momento crítico para Trump y para Newsom, tras más de un año de lamentables cruces de declaraciones y acusaciones entre ambos líderes. El presidente republicano se deshizo hace unas semanas de Kristi Noem, al frente del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, en inglés) durante el segundo mandato del empresario. Atrás quedan sus icónicas comparecencias públicas a las que se presentaba ataviada en una gorra de béisbol y defendiendo las redadas y los operativos antimigratorios del gobierno de Trump, incluyendo la actuación de los agentes federales que acabaron con la vida de los activistas Renee Good y Alex Pretti en dos de las jornadas más negras que se vivieron en Minesota, con violentos enfrentamientos diarios entre manifestantes y fuerzas del orden.


Hace unos días, el diario The New York Times era el primer medio en informar que Trump también había fulminado a Pam Bondi, Fiscal General de EEUU, cuya vergonzosa comparecencia ante un comité del Congreso por el caso Epstein, sin duda, ha contribuido a su destitución. No hablemos ya de los generalizados tachones negros que figuran en los documentos desclasificados y la falta generalizada de transparencia democrática.


En un comunicado en tono amistoso difundido en las redes sociales, Bondi anunció que seguirá en el cargo durante un mes y luego se sumará al sector privado. Corren, sin embargo, rumores de fondo de que Bondi le suplicó al presidente que la mantuviera en plantilla y éste se negó.


No hay duda de que Trump está acostumbrado a que, a diario, broten críticas hacia él, sus allegados y aliados. Y aunque los años nos han demostrado que el magnate, posiblemente, se crece ante estos desafíos, el castillo de naipes construido por Trump parece cada vez más frágil y endeble. Además de los despidos de figuras leales y próximas a él, las últimas semanas han presenciado una marcada fragmentación en el seno de MAGA y en las filas del partido republicano a raíz de la intervención militar de EEUU en Irán, con la incuestionable complicidad de Israel y Bibi Netanyahu.


A excepción del sionista Ben Shapiro, figuras mediáticas y conservadoras con gran peso en la YouTube-esfera, como Megyn Kelly y Tucker Carlson, han criticado con dureza el operativo militar y la decisión del presidente de desviar fondos hacia conflictos bélicos en el extranjero ––en violación directa a sus promesas electorales––, cuando el estadounidense medio apenas puede sostener el peso de la inflación, salarios estancados durante años y una economía renqueante. A estas críticas se ha sumado el británico Piers Morgan, cuyo programa "Uncensored" ––por el que desfilan gran variedad de comentaristas, expertos y polemistas profesionales–– se ha convertido en una exitosa plataforma a ambos lados del Atlántico que no le pasa desapercibida a Trump.


Sobre este telón de fondo aparece la figura de Newsom, que lleva meses paseándose por platós televisivos y populares pódcasts tratando, desesperadamente, de captar el voto demócrata e independiente en su apuesta por convertirse en el candidato demócrata a la Casa Blanca de cara a las elecciones de 2028.


El corazón de la estrategia de Newsom es emular la retórica del presidente y tratar a Trump como Trump trata a otros. El gobernador recurre así a insultos y descalificaciones en las redes sociales para convencer al electorado de su solidez ideológica. Todo a expensas de la articulación de propuestas y soluciones políticas concretas por las que tanto los californianos como el país entero claman. Sus políticas también le han costado críticas de demócratas como la actriz Halle Berry (por dar la espalda a las mujeres en la menopausia) y de la rapera conservadora Nicki Minaj.


Eso sí, al californiano no le faltan argumentos para justificar que su director de fotografía se embolse $200K anuales por inmortalizarlo tal y como Newsom es: alto, apuesto, con el pelo engominado y con unas Ray Ban de última generación, mientras se pasea por las ruinas y cenizas de Pacific Palisades, o se codea con líderes mundiales en conferencias medioambientales en América Latina. Aunque el gobernador de CA no ha logrado aterrizar ni desgranar las piedras angulares de su agenda política en su nueva etapa, en la anterior, Newsom ha sido uno de los grandes exponentes del wokeísmo (política identitaria) en EEUU, una corriente que los votantes rechazaron en las urnas con un histórico tsunami electoral que selló la reelección de Trump.


Destacadas figuras afines al pensamiento demócrata, como Sam Harris y el comediante Bill Maher (ambos sionistas), vienen criticando y señalando al wokeísmo como el talón de Aquiles del partido. Harris ha llegado a calificar el movimiento woke como el "cáncer" que está acabando con la ideología y los valores demócratas, y ha exigido su completa extirpación. En un careo ––más tibio e insulso de lo habitual–– entre Harris y Maher en 'Club Random' hace unas semanas, Harris daba a entender que el huracán woke ha desaparecido del sentir demócrata. Maher, sin embargo, desacreditaba la visión del intelectual, insinuando que su argumentación representaba más un intento por evitar contribuir al posible triunfo republicano a manos de JD Vance o Marco Rubio en las elecciones presidenciales de 2028, que una realidad constatable.


Consciente del descontento popular hacia el movimiento woke, ya en 2025, Newsom jugó a desmarcarse de éste, llegando incluso a asegurar en un cara a cara con el asesinado Charlie Kirk, que la presencia de mujeres transgénero en competiciones deportivas femeninas es "injusta". Ante la consiguiente indignación y presión de este colectivo, Newsom reculó y regresó al posicionamiento protrans que ha mantenido e impulsado en los últimos años.


Algunas de sus medidas han llegado a instancias judiciales. Varias semanas atrás, el juez latino Roger Benítez que preside un tribunal californiano falló en contra de una política de Newsom que impedía al personal escolar comunicar a los padres que su hijo o hija ha realizado la transición de género en el ámbito social. En una decisión demoledora, el juez ha condenado al estado a pagar millones de dólares en costas judiciales por "intransigencia" judicial y presentar mociones innecesarias durante la batalla legal (que aún continúa).


En febrero de este año, Newsom protagonizó un gesto de gran torpeza durante la presentación de su libro en un acto organizado frente a un público mayoritariamente afroamericano en Atlanta. Al aspirante a presidente de EEUU se le escaparon unas declaraciones que daban a entender que sus habilidades intelectuales eran tan limitadas como las de los presentes. Por supuesto, los usuarios de X aprovecharon el momento para acribillarlo públicamente con memes que se apoderaron de la plataforma durante días.


Si algo ha demostrado el californiano es su capacidad para cambiar de postura como cambia de gomina y para distanciarse de posicionamientos políticos articulados con anterioridad cuando el precio político le parece inasumible de cara a sus ambiciones para 2028. Esta doble moral y ambivalencia basada en la conveniencia es la que tal vez se convierta en la tumba política de Newsom, si no logra equilibrar ese furor y golpe de valentía que le nace para atacar a Trump en las redes sociales, con ese otro golpe de arrepentimiento que le desborda y le lleva a la evasión cuando algunos colectivos le plantan cara por encarnar contradicciones ideológicas.


Con las elecciones de medio mandato a la vuelta de la esquina, el partido demócrata puede confiar en el descontento del electorado hacia la gestión de Trump ––sobre todo del bloque independiente–– para hacerse con el control del Congreso. Pero, a falta de una profunda renovación en las filas demócratas y el surgimiento de candidatos con solidez argumentativa, la misma estrategia sería, probablemente, una apuesta fallida para las elecciones presidenciales.



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