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Honduras: la indiferencia ante crímenes de mujeres

  • Itsmania Platero
  • 23 ene
  • 5 Min. de lectura

Por Itsmania Platero



“Por cada mujer que muere se impide a un hombre la oportunidad de nacer…”


Ni el poder ni el dinero son malos; la cuestión es cómo utilizar estos medios para que las personas puedan desarrollarse, sin que “el hombre sea lobo del hombre” y sin “que el poder corrompa” a ese mismo hombre.


Más de 450 mujeres han sido asesinadas en Honduras. Sesenta y siete defensores de derechos humanos han sido víctimas de crímenes sin resolver. La indiferencia es el primer paso para llegar a concretar un crimen. Cientos de “expedientes grises” se empolvan y permanecen inmóviles hasta que una voz de mayor autoridad te dice: “su caso no procede en esta fiscalía”.


Ser mujer y, además, defensora de derechos humanos es enfrentarse a la indiferencia no solo de las autoridades, sino también de algunos medios de comunicación. Eso te aísla. Sin una investigación exhaustiva, tu caso prescribe. La respuesta es: su caso no aplica porque no tiene relación con su trabajo. Después te ignoran. Desde ahí comienza tu condena de muerte.


El proceso es agobiante, porque después de ser atendido por una fiscalía de derechos humanos —que determina si tu denuncia es inadecuada porque señalaste a algún malhechor—, de inmediato, sin ser llevado a juicio, eres condenado. El primer señalamiento lo hace la misma institución que te atiende. No hay atención. Sin investigación, a ojo de buen cubero, te dicen: “No procede, ese caso es eficiencia policial".


Vía teléfono, un personaje sin rostro te atiende. Si tienes suerte, te remite —con una orden especial del jefe— a una línea telefónica de recepción de denuncias. Posteriormente, tu caso pasa a otra operadora que te escucha, te documenta y, después de horas de hablar, te dice que harán una evaluación. Envuelta en un manojo de nervios, no sabes qué respuesta vas a recibir. Seas mujer, hombre, defensor u operador de justicia, el resultado es el mismo: “No aplica”. Ningún teléfono funcionó, ninguna línea de auxilio.


Quedas a la suerte y al abandono del Poder Judicial, que aun conociendo tu causa pone en duda las amenazas. No le importa tu sufrimiento ni tu dolor. De repente, son ráfagas de disparos que pasan tu cuerpo sin rozarte. Algunos le llaman suerte, otros, milagro.


Hasta la fecha, más de 250 mil personas víctimas de desplazamiento interno forzoso mantienen sus casos en abandono. Noventa y nueve mil hondureños ingresaron a Estados Unidos a través de la plataforma CBP One solicitando asilo político, huyendo de la violencia y de la criminalidad organizada.


Durante el año 2025, las cifras de homicidios infantiles y muertes violentas de menores muestran realidades críticas en diversas regiones, marcadas por conflictos armados, violencia de género y criminalidad común. Honduras ha registrado cifras alarmantes de violencia contra la niñez y la juventud. Según datos de la Red COIPRODEN, entre el 1 de enero y el 31 de octubre de 2025 se contabilizaron 433 muertes violentas de niños, niñas, adolescentes y jóvenes.


Sesenta y cinco mil familias hondureñas acogidas al Estatus de Protección Temporal (TPS) están a punto de retornar a Honduras. De la población retornada, 11 personas han sido asesinadas.


Honduras enfrenta altos índices de corrupción e impunidad, reflejados en su peor calificación histórica en el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2024 de Transparencia Internacional, con 22 de 100 puntos y el puesto 154, solo por encima de Venezuela, Haití y Nicaragua en América Latina. El país presenta graves problemas en la aplicación de justicia, especialmente en feminicidios —con un 95 % de impunidad— y una falta de voluntad política para implementar estrategias anticorrupción efectivas.


Honduras enfrenta además una crisis severa por la extorsión, con reportes de más de 40 mil empleos perdidos y el cierre de numerosas empresas debido a este delito. Las denuncias se duplicaron en enero, afectando a casi 350 mil hogares, según estudios y gremios empresariales, con un alarmante 11.6 % de victimización nacional y altos niveles de impunidad, a pesar de los esfuerzos gubernamentales.


Una sociedad es justa cuando se organiza para que no haya abuso del poder.


El Informe Global de Violencia 2025 de ACLED sitúa a Honduras entre los países más peligrosos del mundo, en el puesto 26, con un alto nivel de peligrosidad, evaluando letalidad, peligro a civiles, dispersión geográfica de la violencia y fragmentación de grupos armados.


Familias hondureñas viven entre rejas, barrotes que simulan prisiones: en albergues y en sus propias casas, todo huele a cárcel. Unos por el dolor, otros por el miedo.


Más de 105 mil migrantes siguen sin sentido; 69 masacres con centenas de muertos; niños víctimas de abuso sexual; suicidios; crímenes pasionales; “presos invisibles”, niños que viajaron sin sus padres y hoy se encuentran en el olvido; 25 mil hombres presos en cementerios de vivos, muchos de ellos inocentes. Esos son los que pagan las borracheras del poderoso.


“Se apagó la libertad de expresión y te quedas en la indiferencia”. En momentos, centenas de jóvenes y adolescentes, por diversas circunstancias sociales, como bajo un embrujo que tocó sus ánimos, abandonaron el país. Actuaron por impulso frente a una multitud de policías, no menos agresivos, a punta de gases y balas en Guatemala. Podría decirse que se provocó una especie de psicosis o pánico colectivo, volviendo a los adolescentes más violentos. El resultado fue fatal: centenas de migrantes, en su mayoría jóvenes, dejaron sus vidas sin dejar huella, porque nadie los recuerda. La sangre hondureña pintó la tierra mexicana, donde aún hay cuerpos sin identificar.


El reto del presidente electo Nasry Asfura y del general Héctor Benjamín Valerio, representante de las Fuerzas Armadas de Honduras, es enorme: un país fracturado, con sangre y dolor que llega hasta la médula de los huesos. Respetar los derechos humanos de todo un pueblo es la base fundamental para que todo marche bien.


Para quienes creemos en Dios, el simple hecho de sentir amor sería suficiente. Si esto se cumpliera, no tendríamos necesidad de un Código Penal aplicado sobre un tapete de injusticias. Lograríamos una sociedad digna, sostenida en la verdad, la libertad y el amor.


La encíclica Populorum Progressio de Pablo VI, de marzo de 1967, marca las pautas para que el progreso de la humanidad se logre con justicia social. Es una de las más grandes expresiones para buscar justicia entre los seres humanos, una justicia en la que los valores guíen el comportamiento del hombre y en la que el poder y la riqueza deban adecuarse a esos valores.


Pero debemos mejorar nuestra condición financiera orientada a que todo hondureño tenga acceso a satisfacer sus necesidades básicas: trabajo, salud, seguridad y educación. Solo la representación no funciona.


*Publicado originalmente en Los Ángeles Press.



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