ICE: temor, trauma y parálisis
- Los Ángeles Press
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Por Soledad Bavio (Los Ángeles Press)
Cómo el compromiso social puede hacer frente a las redadas de ICE porque “el silencio público en momentos como estos señala complicidad”.

El temor era privado, y se convirtió en público. Y cuando esto pasa, el riesgo es colectivo. El estrés, crónico. El tejido social se desploma. Ya no por ser inmigrante. Porque el argumento queda nulo si se busca la seguridad nacional, ese concepto que ha sido colmado por políticas antimigratorias y ha puesto en alerta a las sociedades. Porque hace falta ser extranjero en tierra ajena solamente para soportar las injustificadas amenazas y persecución. Y se resquebraja la vida cotidiana de las personas que no nacieron en Estados Unidos; de sus empleadores; de la mano de obra colaborativa; de la riqueza cultural y académica. Es la vuelta a la deshumanización, los arrestos y la falta de libertad.
“¿Sigo yo?” nació de una pregunta pública que refleja la realidad privada de muchos. Con proyecciones visibles que no argumentan sino que confrontan, la Fundación Comunitaria de California (CCF, por sus siglas en inglés) instaló la campaña en solidaridad con las comunidades que se encuentran bajo presión. Se trata de una respuesta a las redadas de inmigración, pero que se ha convertido en una postura contra la persecución racial y la erosión de las libertades civiles.
Miguel A. Santana, presidente y director ejecutivo de la fundación —una organización pública y benéfica del condado de Los Ángeles que opera desde 1915 y es responsable de “¿Sigo yo?”—, dialogó con Los Ángeles Press.
¿Cómo y cuándo surgió la campaña y cuál es el resultado logrado hasta ahora?
“Am I Next?”, que se traduce a “¿Sigo yo?”, emergió de un momento de temor colectivo imposible de ignorar. En ese momento estábamos escuchando de familias, trabajadores, padres de familia y estudiantes que vivían en un estado de vulnerabilidad constante. Temían ir al trabajo, mandar a sus hijos a la escuela y alzar su voz sobre esta injusticia. La campaña nació de una pregunta pública que refleja la realidad privada por la que muchos pasaban: ¿Sigo yo?
Hasta ahora, los resultados son menos sobre la cantidad y más sobre la visibilidad y solidaridad. Hemos creado espacios en donde las comunidades ven su miedo reflejado en público y lo comparten de manera colectiva en vez de cargarlo en silencio. Las proyecciones convierten algo que se siente solitario y personal en algo público que no se puede negar. La gente se está dando cuenta de que no son los únicos que se sienten así y esa realización es poderosa.
¿En qué lugares se realizan las proyecciones? ¿Se piensa en incorporar más espacios?
De momento, las proyecciones son visibles en los muros de California Community Foundation, Japanese American National Museum, LA Plaza de Cultura y Artes, Los Angeles County Hall of Records en Gloria Molina Grand Park y el Music Center: sitios de importancia cívica, cultural e histórica. Escogimos lugares que son espacios de memoria pública porque esta campaña trata de incluir este temor y resistencia en el registro público.
Y sí, vamos a expandir. Pronto lanzaremos cuatro sitios adicionales de proyección. La intención es seguir expandiendo de manera intencional, en colaboración con comunidades, para que cada sitio nuevo no sea solamente otro muro, sino otro lugar en donde la gente vea su realidad reconocida de manera pública.
Además de visibilizar la situación que atraviesa la población migrante, esta campaña se ha convertido en un posicionamiento ético. ¿Han logrado apoyos u organizaciones que se han sumado a la iniciativa?
Absolutamente. Desde el principio, esto siempre ha sido más que una campaña para crear conciencia: también ha sido una postura ética. Nos pregunta si estamos dispuestos a aceptar estas condiciones que generan temor en la vida cotidiana de nuestros vecinos. Muchas organizaciones y líderes de la comunidad reconocen que este momento requiere que vayamos más allá de la neutralidad. Se han unido a esta causa no porque sea algo simbólico, sino porque es algo moral.
Hemos visto apoyo de artistas, personas que se dedican a la abogacía social, socios filantrópicos y líderes cívicos que entienden que el silencio público en momentos como estos señala complicidad. Esta campaña les da una manera de mostrar su solidaridad con las comunidades que se encuentran bajo presión.
¿Cuáles son los próximos pasos de la campaña? ¿Cómo continúa?
El próximo paso es expandir de manera responsable, a base de nuestras relaciones. Estamos creando colaboraciones a través del estado que facilitarán la participación de comunidades de manera que tenga importancia local: proyecciones, narraciones, reuniones y conversaciones públicas que vayan más allá de un evento.
Esto es más que un momento. Es una infraestructura para un movimiento sostenible que conecta el arte, la visibilidad y la protección de la comunidad. El trabajo que continúa se trata de crecer esto sin perder el toque personal: que esto crezca sin desconectarse de lo que está pasando en la vida de las personas.
El arte y las proyecciones públicas tienen un gran poder de activismo. ¿Es tal vez la mejor manera de lograr mayor conciencia?
El arte siempre ha sido uno de los vínculos más importantes para acabar con la indiferencia. Una proyección no argumenta, sino que confronta. Entra a un espacio público y presenta una pregunta que no se puede ignorar fácilmente. En un mundo saturado de información, el arte genera claridad emocional. Nos da el tiempo y el espacio para sentir algo.
Esa reacción emocional suele ser el brote de una acción. No basta generar conciencia, se necesita generar una conciencia que nos toque el corazón y nos pase de ser testigos a tomar responsabilidad.
¿Qué cantidad de personas se han sumado a la campaña y cuál es el principal temor que se percibe, además de la posibilidad de "ser el siguiente"?
Más de 500 personas han participado en este movimiento y miles visitan nuestro sitio web todos los días. Las personas que han participado incluyen a la alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, y a los actores James Edward Olmos y George Takei. Miles de personas ven nuestras proyecciones a diario y apenas estamos empezando. Pero esta campaña no se mide en números: se mide en su alcance y reconocimiento. La meta es alcanzar a millones e inspirar a la gente a que vaya más allá de la pregunta “¿Sigo yo?” y se solidarice con su vecino, su amigo, su tío o su prima.
El mayor temor no es solo la deportación o la separación, es el deterioro de la idea de que nosotros pertenecemos. Es el temor de ser tratados como si fuéramos desechables, de vivir en un país en el cual nuestra humanidad es condicional. Cuando se llevan a los niños y separan familias de una manera tan pública, el mensaje es que nadie está a salvo. Ese temor no se limita al estatus migratorio, es algo que nos impacta a nivel social.
¿Cómo se vive la situación de incertidumbre en la población migrante?
Se vive como estrés crónico. Ese estrés va dando forma a decisiones cotidianas: el salir de la casa, alzar la voz, el confiar en las instituciones que se supone que son para la protección de uno. Las familias están calculando su riesgo constantemente. Los padres de familia les están explicando este temor a sus hijos, que son demasiado pequeños para cargar con esto.
Y cuando ese temor se normaliza, limita el sentido de posibilidad de una comunidad. Eso es lo que estamos combatiendo. Las comunidades merecen poder caminar por las calles, ir al trabajo, ir a la escuela y visitarse sin temor de que se los lleven sin causa alguna. El vivir bajo una amenaza permanente no es libertad, y no podemos aceptarlo.
Dónde estamos y qué sigue a partir de ahora
Durante la segunda administración de Donald Trump se modificó la forma en que ICE lleva adelante las redadas. Como se dijo más arriba, la cifra de personas inmigrantes detenidas ha aumentado hasta en un 80% respecto a la toma del mandato.
Esto coincide con el plan ideado por el gobierno para deportar masivamente a los extranjeros y sentar las bases de la prioridad de su gobierno. Esto incluye a familias enteras con niños a cargo, lo que generó un aumento en más de seis veces las detenciones de menores de edad por parte de ICE desde octubre de 2025, según datos publicados por Proyecto Marshall a fines de enero.
Las organizaciones en defensa —como el National Immigration Law Center— han denunciado la adquisición de almacenes que actuarían como campamentos en el marco del denominado “Proyecto de Reingeniería de Centros de Detención”.
Como otra alternativa de trabajo desde la sociedad civil, Freedom from Inmigrants lanzó la semana pasada un nuevo mapa interactivo que rastrea las detenciones de ICE en todo Estados Unidos. “El sistema de detención de inmigrantes es intencionalmente difícil de comprender, y los recursos para las personas detenidas y sus seres queridos son escasos”, aseguran.

El orgullo securitista de la Oficina de Detención y Deportación (ERO, por su sigla en inglés), que depende del Servicio de Inmigración y Control de Aduana (ICE, en inglés), advierte que “protege a la patria mediante el arresto y remoción de extranjeros que socavan la seguridad de nuestras comunidades y la integridad de nuestras leyes migratorias”.
Pero, de modo contrario al mensaje oficial que asegura que las operaciones se enfocan en criminales, “los datos revelan que la mayoría de los detenidos no tienen antecedentes penales”, aseguran desde VisaHQ, un equipo de expertos en visas e inmigración.
Al 7 de febrero de 2026, según el centro Transactional Records Access Clearinghouse (tracreports.org), ICE mantenía a 68.289 personas detenidas, con una leve disminución respecto al pico anterior de 70.766 detenidos, registrado el 25 de enero de 2025, el número más alto entre 2019 y la actualidad. Desde el inicio del segundo mandato del presidente Donald Trump en enero de 2025, el número de detenidos bajo custodia de ICE ha aumentado rápidamente.

Sin embargo, esta prioridad expresada por el presidente estadounidense no se traduce en la comunidad. En enero de 2026, el 47% de los ciudadanos estadounidenses creía que ICE estaba disminuyendo su seguridad, contra el 34% de los encuestados que opina que la agencia la estaba mejorando.
Como un espiral, volvemos siempre al mismo lugar. Se capacita a periodistas para ser más respetuosos en las comunicaciones; expertos en movilidad humana refuerzan el derecho humano a migrar; organizaciones civiles dan refugio, asesoran y presentan amparos. Es un continuum donde se requiere fomentar la solidaridad en un mundo globalizado, amparado por los grandes tecnológicos que apuestan a la despersonalización, mientras los gobernantes insisten en la deshumanización.
*Pinche aquí para leer el texto original.
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