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Sheinbaum convierte viaje al Mundial en propaganda nacionalista

  • Los Ángeles Press
  • hace 4 horas
  • 5 min de lectura

Mientras Sheinbaum se decía hoy víctima de críticas de mala fe por su viaje a Nueva Jersey ayer, en Nueva York, Ismael Zambada era condenado a cadena perpetua.

La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum durante comparecencia en pasado 20 de julio de 2026.
La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum durante comparecencia en pasado 20 de julio de 2026.

La actividad de este lunes 20 de julio en Palacio Nacional originalmente estaba diseñada para presentar lo que podría ser, eventualmente, un modelo para regular el uso de tecnologías digitales, especialmente el consumo de las llamadas redes sociales en niños y jóvenes en México.


Sin embargo, en los hechos, ya desde el sábado al mediodía la propia Presidencia de la República hizo todo lo posible por presentar la asistencia de Claudia Sheinbaum a las ceremonias finales de la Copa Mundial de Fútbol que concluyó ayer en la zona metropolitana de Nueva York en un tema obligado de reflexión para todo el país.


Fue notable que hoy, distintos portales y medios de comunicación que publican desde México estuvieron “adornados” con textos con aparentes filtraciones acerca de la logística que debió seguir Sheinbaum para viajar de Quintana Roo a Nueva York.


Esa “información” es relevante sólo en la medida que Sheinbaum insiste en preservar el mito de que se desplaza por el mundo como lo hace cualquier otra persona, aunque por ejemplo, tenga la capacidad para intentar comprar, como esas “crónicas” explican, un boleto de avión de última hora, los más caros en la industria aeronáutica, cuando recibió el sábado una llamada de Donald Trump para “invitarla” a que acudiera a la ceremonia final.


En Canadá, cuyo primer ministro también estuvo presente en ese mismo acto, uno no encuentra ese tipo de notas periodísticas que presentan un viaje rutinario como una odisea especial, porque se sabe que Mark Carney usa un avión del gobierno canadiense para desplazarse.


En México, en cambio, desde el sexenio pasado, se impuso la idea de que quien ocupe la Presidencia de la República no debe tener un avión que le permita desplazarse, lo que ha obligado a que el equipo de Sheinbaum inunde las redes sociales cuando llega a verse obligada a usar vuelos comerciales en las raras ocasiones en que decide viajar al exterior.


De manera más notable, en la prensa diaria de Canadá, uno no encuentra hoy la multitud de imágenes que distintos medios mexicanos difundieron ya desde el domingo al medio día en las que se presenta a Sheinbaum como una suerte de figura clave de la actividad en los palcos del estadio en el que normalmente juegan los Gigantes y Jets de la NFL.


En México, en cambio, ya desde el domingo, las cuentas de redes sociales que suelen hacerse eco e incluso exagerar cualquier punto de vista del gobierno mexicano, hicieron todo lo posible por exaltar la presencia de Sheinbaum en el palco principal del estadio de Nueva Jersey donde ocurrió la actividad deportiva.


Esas publicaciones de redes sociales fueron legitimadas este lunes por las palabras de la propia titular del Poder Ejecutivo Federal que, en distintos momentos, hizo todo posible por fijar dos mensajes.


El primero, la idea de que ella defiende la soberanía de México sin importar los obstáculos que enfrente y la segunda, la de que cualquier crítica que se haga a sus decisiones o la manera de tomar y comunicar esas decisiones es, de manera invariable una crítica de mala fe a su gobierno y, por implicación, a su persona.


Ayudada por medios que hacen elaboradas “preguntas” que incluyen gran cantidad de elogios a Sheinbaum misma y a su estilo de gobernar, la titular de la Presidencia de la República usó la tribuna del Salón Tesorería para repetir tanto como pudo esas ideas al tiempo que martillaba también críticas a la oposición, facilitadas por el arresto de Ernesto Ruffo Appel, a finales de la semana pasada.


Fue notable que, quizás como resultado de las horas que pasó en Nueva Jersey, Sheinbaum rompiera la racha de casi dos semanas consecutivas de reprochar a Ken Salazar, el antiguo embajador de Estados Unidos en México, el arresto de Ismael Zambada.


En lugar de ello, Sheinbaum buscó fijar la idea de que, aunque hay diferencias entre su gobierno y el de Donald Trump, busca tener una buena relación con él, como se le puede escuchar decirlo a ella misma en el vídeo que aparece después de este párrafo.


Hacia el final de la actividad, Sheinbaum insistió tanto como pudo en vincular su manera de negociar la relación con Estados Unidos en la lógica de la defensa de la soberanía y, sobre todo, de su interpretación de la historia de México.


Ello le dio pie a insistir en una defensa implícita, sin mencionarlo por nombre, de Rubén Rocha Moya, de quien, según dijo Sheinbaum, el gobierno de Estados Unidos no ha presentado las pruebas que ella considera necesarias para cumplir con la solicitud de arresto con fines de extradición a pesar de que dos de los funcionarios del ahora “gobernador con licencia” de Sinaloa ya se entregaron al gobierno de Trump y, al menos en el caso del general Gerardo Mérida Sánchez, quien fuera secretario de Seguridad de Rocha Moya en el primer tramo de su gubernatura, la juez responsable del caso validó el arresto que ocurrió como resultado de la decisión del militar de entregarse.


Qué haya o vaya a revelar Mérida Sánchez en el marco de su arresto es algo difícil de pronosticar ahora. No sólo fue secretario de Seguridad de Rocha Moya. De hecho, llegó al cargo por haber ocupado importantes posiciones en la estructura de la Secretaría de la Defensa Nacional al menos desde principios de este siglo y más porque esas asignaciones las cumplió en las áreas responsables de la seguridad nacional y las labores de inteligencia en la Sedena.


Como sea, Sheinbaum se aferró al discurso nacionalista más encendido, digno de un 16 de septiembre para presentarse a sí misma como garante de la soberanía del país luego de haber participado con Donald Trump en la ceremonia final de la actividad deportiva global concluida ayer.


Los dichos de Sheinbaum están marcados, sin embargo, por la ironía de que mientras ella hacía esa encendida defensa de su gobierno y el de Andrés Manuel López Obrador, algunos kilómetros al sur del estadio de los Gigantes, en la Ciudad de Nueva York, Ismael Zambada recibía ya una condena en firme a cadena perpetua en el sistema penitenciario de Estados Unidos.


Si las últimas dos semanas de reproches al gobierno de Estados Unidos fueron un intento desesperado del gobierno de Sheinbaum para lograr que lo devolvieran a México, fueron dos semanas desperdiciadas, pues ahora es más difícil imaginar un escenario en el que Estados Unidos devolviera a Zambada, a menos que, desde luego, que los mismos mecanismos oscuros que sirvieron para que Juan Orlando Hernández fuera liberado por Trump se activen en favor del fundador del Cártel de Sinaloa.


Por último, Sheinbaum llamó a quienes le reprochan el arresto de Ernesto Ruffo a que presenten las pruebas de su inocencia al tiempo que dejaba ver la intención de ir tras otros involucrados en la operación que, según ella, encabezó quien fuera gobernador de Baja California de 1989 a 1995.


Al final de la actividad, Sheinbaum entregó a algunos de los asistentes a la actividad en el Salón Tesorería balones y otros artículos deportivos conmemorativos del torneo recién concluido.


*Pincha aquí para leer el texto original.



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