La criminalización del rap & hip-hop llega al Tribunal Supremo de EEUU
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Actualizado: hace 7 horas
Por Aitana Vargas

El Tribunal Supremo de EEUU ha recibido un recurso solicitando la revisión de las letras musicales escritas a mano por James Garfield Broadnax, un individuo afroamericano condenado a pena de muerte por el asesinato de dos productores de música cristiana, Stephen Swan y Matthew Butler, enfrente del estudio de éstos en Texas en 2008.
Durante más de una década, la raza ha sido un elemento central del juicio y del proceso legal que culminó con la condena del acusado en 2009. Las víctimas eran blancas. Y el jurado estaba integrado por once individuos blancos y uno negro. Pero el rap y la cultura del hip-hop también han adquirido un papel protagonista en el proceso.
El Supremo es el último cartucho para Garfield, cuya fecha de ejecución está prevista para el 30 de abril de 2026. El chef de cocina californiano, posiblemente, espera con impaciencia desde su celda en una prisión de Texas que el alto tribunal acepte la revisión de su caso, una decisión que los magistrados tomarán a puerta cerrada el 24 de este mes.
De ser así, evaluarían el dosier con más de 40 páginas de canciones de rap que el condenado escribió a puño y letra y que el juez empleó para dictar sentencia. La intención de la acusación al introducir el dosier en un proceso judicial era clara: buscar la pena capital. Pero, al hacerlo, despertaron otros interrogantes:
¿Pueden las letras de temas musicales interpretarse como una declaración de intenciones o, asumir a partir de éstas, que el acusado es peligroso, propenso a la violencia o un sangriento pandillero? O ¿se trata de prejuicios, racismo y distorsión de un vehículo de expresión cultural y artística para la comunidad afroamericana?
Según los abogados de Garfield, el uso de letras musicales como un elemento para dictar sentencia representa una violación del derecho del californiano a un proceso legal justo e igualitario bajo las Enmiendas 8 y 14 de la Constitución de EEUU.
Argumentan, además, que la pena capital supone la criminalización del rap y de la cultura del hip-hop, así como la "explotación de estereotipos raciales comúnmente asociados con las letras del rap y con la comunidad negra para transformar la expresión artística del Señor Broadnax en una sentencia de muerte".
La defensa ruega, por ello, a los magistrados la revisión del caso y pide que el uso de las letras de cara a la sentencia sea declarado "fundamentalmente injusto", porque su interpretación debía haber sido metafórica, no literal.
"El Estado ha retratado las letras como expresiones literales de intención criminal para apelar al estereotipo de que los hombres negros como Broadnax son criminales violentos", aseguran sus abogados. A esto se suma, sostienen, que los argumentos de la acusación compararon y reforzaron la idea de que Broadnax es un depredador con características propias de animales.
El mundo del rap y del hip-hop se ha solidarizado con Garfield, aportando testimonios sobre la naturaleza y el significado de las letras en este género musical, que se alza como un símbolo de identidad para la comunidad negra en EEUU, y cuyos orígenes se remontan al Bronx, Nueva York, hace más de cinco décadas.
Entre los testimonios de apoyo presentados se encuentran los de los raperos Travis Scott, T.I. y Killer Mike. Para este último, las letras de Garfield son "una interpretación del espíritu humano", no una "admisión de culpabilidad".
A la apelación del Supremo se han incorporado también anexos de académicos especializados en esta materia y organizaciones artísticas que aportan su visión sobre el papel que las letras y los temas que se abordan en el rap desempeñan en este popular género musical que se presta a interpretaciones erróneas en ausencia del contexto histórico, social y cultural adecuado.
Existen otros elementos de peso en el proceso legal que generan dudas sobre la culpabilidad de Garfield. En una declaración jurada presentada ante el tribunal por el primo y coacusado de Garfield, Demarius Cummings, admite que fue él quien propuso el robo, obtuvo el arma, apretó el gatillo y mató a los productores durante el incidente, eximiendo así de esta responsabilidad al cocinero sentenciado a muerte.
En declaraciones anteriores, sin embargo, Garfield había asumido la culpabilidad.
Ahora sólo el Supremo —o el gobernador de TX— puede frenar su ejecución.
Caso en Tribunal Supremo de EEUU: Broadnax v. Texas
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