Los delitos ambientales se han convertido en una de las actividades criminales más lucrativas y de mayor crecimiento a escala global. Además de causar daños profundos a los ecosistemas y a la biodiversidad, estas prácticas representan un desafío para la gobernanza ambiental y exponen a riesgos crecientes a los periodistas que investigan y reportan sobre ellas.
Los ejidatarios de Punta Colonet viven el desarrollo del megapuerto con sentimientos encontrados: por un lado saben que el proyecto traerá beneficios a la comunidad, pero al mismo tiempo señalan que no han recibido la información que merecen. Entre las principales inquietudes están la falta de claridad de la consulta ciudadana y la poca información sobre el proyecto de un gasoducto de amoniaco verde.